No te canses que no tienes derecho

Marco Urbina urbina.marco1@gmail.com 24/11/2017

El trajín de la vida moderna, los cortos tiempos de construcción, los apretados presupuestos para las obras, la alta exigencia del servicio y la calidad que hay que entregar, nos imponen un ritmo devastador de trabajo y múltiples actividades que rara vez dejan tiempo para descansar, compartir con la familia, o divertirse.

Hace veinte años las construcciones se iniciaban en enero, con el verano, ahora vemos movimientos de tierra en octubre como algo normal, la palabra estrés era desconocida, luego la padecían algunas personas de esas que se preocupan por todo y recientemente es el mal de todos, es un síndrome que está presente en todos los trabajos y hogares. Tanto es así que ahora los anuncios de empleos dentro de los requisitos además de estudios académicos, experiencia, idiomas y buenas recomendaciones, específicamente solicitan “acostumbrado a trabajar bajo presión”, tarde o temprano el cuerpo nos pasa la factura.

Las construcciones cada vez consumen más de nuestro tiempo, energía física y mental, el agotamiento es el síntoma de moda, para cumplir con los plazos se extiende el horario de trabajo durante las noches y fines de semana, la gente llega a rastras al viernes y la famosa frase de “gracias a Dios es viernes” ya no representa el espacio libre para la distracción y compartir con la familia, que empezaba la noche del viernes y se extendía por todo el fin de semana, sino apenas el momento soñado de caer despedazado a tratar de recuperar energía suficiente para poder empezar de nuevo el lunes con el trajín de la semana. Lo único que se hace el fin de semana es recargar baterías para la siguiente jornada, igual que recargamos cada noche nuestro teléfono celular para que aguante el día siguiente.

Cada día me despierto y rezo, doy gracias a Dios por lo que tengo y le pido, con la esperanza de recibir, lo necesario para enfrentar el día con resultados positivos. Mi plegaria es mi versión abreviada del padre nuestro, ya que ni tiempo hay para una oración “tan larga” y dice lo siguiente: “Gracias señor por todo lo que hasta hoy me has dado, te pido para cada día salud, sabiduría , energía, trabajo bien remunerado y que me hagas merecedor del amor de mi familia, amén”. Aleluya logré resumir en dos renglones todo lo que necesito en el mundo.

Luego de rezar mientras tomo una ducha veloz hago dos respiraciones profundas, esta es mi clase de yoga, e inicio una labor interna de auto-motivación repasando mi agenda del día y mentalmente obteniendo resultados positivos en cada reto a enfrentar para salir de casa sintiéndome un triunfador. Al final del día regreso molido, pero la mañana siguiente voy de nuevo siempre optimista.

La era de la tecnología acabo con las teorías de delegación y eliminó los espacios libres durante las jornadas, ya que se vive comunicado con el mundo en tiempo real y 24 horas al día, constantemente se acumulan mensajes y correos y aunque la mayoría son basura, cada vez hay más tareas pendientes, porque la efectividad, con tanta comunicación acumulada, lejos de mejorar a decaído y todos estamos experimentando rendimientos decrecientes. Se pierde demasiado tiempo comunicándose. Estamos bajo los efectos de la maldición de los “i-chunches”, estos son ipods, ipads, iphones, etc. y ahora todos somos “ipeople”.

Se acabó la concentración, todos están en las reuniones con su lap top al frente, leyendo correos o respondiendo mensajes desde su smartphone y pocos o ninguno concentrados y poniendo atención al tema de la reunión. No hay tiempo para desligarse, dos días de vacaciones son trescientos correos acumulados y varias tareas atrasadas. No hay oportunidad de cansarse, el que se cansa se quedará rezagado, por eso el consejo es “NO TE CANSES, QUE NO TIENES DERECHO” y por eso están cada vez más populares las bebidas energéticas y los tés de tilo o de 7 azhares. Por extraño que parezca entre más alto estés en la escala jerárquica de tu compañía, más complicado será tu horario y menos tiempo libre tendrás.

El exceso de trabajo obliga a largas jornadas laborales, a llevar trabajo a casa, a almorzar a la carrera o no almorzar y esto te lleva a no dormir bien, estar de mal humor, tener tus defensas bajas, sufrir espasmos musculares, padecer de agotamiento y eventualmente presión alta o hasta un infarto. Sin embargo, no podemos parar, tenemos nuestras necesidades y responsabilidades y el trabajo es la fuente de ingresos para cubrirlas, así que “no te canses, que no tienes derecho.

La familia, los hijos y su bienestar son generalmente una de las principales razones para dar nuestro mayor esfuerzo todos los días y para asumir cada vez más responsabilidades sin tomar en cuenta el tiempo que haya que dedicar al trabajo. Sin embargo, son también los más sacrificados por lo poco que ven y comparten con sus padres o sus parejas.

Ya lo decía mi abuelita “no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista”. Esa tensión generada por múltiples compromisos y tareas que cumplir te traerá repercusiones físicas y mentales, los síntomas más comunes son fatiga, ansiedad, tensión muscular, insomnio, dolores de cabeza, molestias gástricas, irritabilidad, depresión, ataques de pánico, etc. que indudablemente afectarán negativamente tu desempeño y tu vida.

Busque un equilibrio entre sus actividades laborales y el descanso, aprenda a desconectarse, haga ejercicio, coma bien, practique sus hobbies, respire profundamente, medite, practique actividades que ocupen su mente en temas diferentes del trabajo, tenga sexo y ante todo cuando se sienta a punto de estallar, tómese unas vacaciones. El planeta podrá sobrevivir si usted unos días.

La construcción es uno de los oficios más complejos, aprenda a disfrutarla porque es maravilloso ver una obra realizada, pero no olvide que su salud y su familia son primero. Defina espacios de tiempo para usted y respételos. La vida es más que trabajo, no permita que el trabajo le consuma la vida.